Maximus Festival 2017: Somos todos amigos

Terminada la segunda edición del Maximus Festival, Pogopedia hace un balance del día.

Foto de portada: Tomás Correa Arce

¿Arrancamos mal esta reseña si decimos que, a nivel musical, estamos viviendo una etapa de tolerancia como no se veía hace décadas? Ya no tenemos a skinheads enfrentándose con punks, a metaleros agarrándose a trompadas con los ‘cumbia’ (como pasó con Motorhead en Hangar en 2004), o a floggers y emos abofeteándose en las escaleras del Abasto. Hace tiempo que no vemos aparecer nuevas tribus en lo que al ambiente de la música respecta, y posiblemente un festival con la grilla variada como la del Maximus, 15, o 20 años atrás, hubiera terminado de otra manera.

En nuestros tiempos, sin embargo, tanto la nueva como la vieja generación, utilizan las redes sociales para expresar con toda libertad (e impunidad) cualquier tipo de discrepancia o bronca con respecto a cualquier tópico. Cuando se anunció que Linkin Park iba a formar parte del Maximus Festival, y más tarde que sería la banda que cerraría la noche, muchos se pusieron felices, pero también fueron muchos los que pusieron el grito en el cielo. Porque, claro ¿cómo no va a cerrar la banda que a me gusta? ¿Cómo van a poner una banda ‘distinta’ en un festival pesado?. A partir de ese momento todos se subieron al tren, las aguas parecieron dividirse, y Linkin Park pareció ser la paria de la grilla del Maximus. Ok, hay que reconocer que el rumbo que la banda decidió tomar en su último disco roza con lo ‘popero’, pero eso no tacha su pasado más pesado.

Todo parecía que iba para quilombo, y que volvíamos a las viejas épocas, pero el ambiente que se vivió en el festival, sin embargo, fue totalmente opuesto. El sábado en Tecnópolis arrancó con una tarde de sol, bandas de gran nivel tocando una atrás de la otra sin parar. Pibes con remeras de Metallica, remeras de Slayer, de Linkin Park, de Papa Roach, de Hermética, de Asspera, todas negras (en su mayoría), y todos reunidas por el mismo motivo: el amor a la música. Aquellas peleas que iniciaron en las redes sociales, se quedaron ahí. Algunos fueron desde temprano para ver las bandas nacionales (aplauso de pie para ellos, porque fueron muchos), otros llegaron 10 minutos antes de Slayer y se fueron 10 minutos después de que termine, y otros se quedaron hasta el final.

La grilla habrá tenido una diversidad que quizás no todos celebran, pero el festival en sí fue homogéneo. Seguramente haya opiniones divididas, y cada uno es libre de tener la suya (para eso está nuestra hermosa sección de comentarios en esta nota), pero consideramos que el Maximus, con sólo dos ediciones, logró sumarse a la lista de festivales que decidieron subir la vara y demostrar cómo pueden ser los recitales de rock en nuestro país, donde, más allá del negocio que estos recitales representan, el público está cuidado y tiene otras alternativas de entretenimiento más allá de los shows. Pequeños detalles como los puestos de hidratación, el Gas Town (con lápidas en honor a músicos como Dimebag Darrell o Jeff Hanneman), el hecho de que puedas tomarte un vaso de birra, o que puedas entretenerte un rato viendo a los ‘freaks’ y los autos clásicos. Nuevamente, detalles, pero que el público metalero recuerda, y valora.


Será quizás que el ambiente del festival, que recibe a todos aquellos que disfrutan de la música pesada por igual, supo mitigar la bronca que tenían muchos adentro. Después de todo, esto no fue como el Lollapalooza de este año, donde los fanáticos de Metallica debieron aprender a convivir con el público del pop y la electrónica (y que aún así, lograron hacerlo sin que se generar un solo disturbio). El Maximus fue concebido como un festival ‘metalero’, y más allá de las pequeñas diferencias y las rivalidades que algunos pudieron haber inventado sobre una banda u otra, mantuvo su esencia y logró crear un espacio de encuentro ideal para los amantes de éste tipo de música.

Dejemos de pelear por boludeces. Te puede gustar Linkin Park, te puede gustar Slayer, o te puede gustar Nickelback, no importa. Agarrá una birra del Beer Garden y venite al pogo, que acá somos todos amigos.

Crónica: Santino
Fotos: Nick Zanotti





Comentarios

  • BrianIllanes

    Muy buena nota! Aparte la diversidad te hace conocer nuevas bandas y generos que talvez nunca hubieses escuchado...