LAMB OF GOD EN GROOVE: Una bestia de tres cabezas

Lamb of God se presentó en Buenos Aires junto a Carcass y Heaven Shall Burn en una noche demoledora a puro metal.

De a poco se vuelven más usuales los shows internacionales con múltiples artistas que, en otro contexto, visitarán nuestro país en solitario. Tal vez sea una manera de asegurar concurrencia y brindar un espectáculo más imponente, en cualquier caso es una oportunidad para ver grandes nombres sobre un mismo escenario. En esta ocasión Heaven Shall Burn, Carcass y Lamb of God se unieron en una breve gira Sudamericana que incluyó una parada por Argentina, con Groove (Palermo) como lugar elegido para la jarana.

Los encargados de sacarle el polvo al escenario fueron los alemanes de Heaven Shall Burn. Apenas pasada las 19.30 salieron a la cancha con su Deathcore cargado de letras anti-fascistas y proteccionistas, uno de los factores más interesantes de su música. La performance entusiasta se vio un tanto perjudicada por el sonido que les tocó, de a momentos una bola de ruido opacaba los riffs de Maik Weichert y Alexander Dietz. Una banda con una potencia sonora como la de los germanos, necesita de un sonido acorde para no transformarse en un cambalache indiscernible. Aun así supieron acarrear con la responsabilidad de abrir la velada para un público que, en gran mayoría, les era ajeno.

La historia de Carcass los antecede. No hace falta hablar demasiado sobre la importancia de los ingleses en la escena extrema, ni de como hace tan solo un puñado de años tuvieron un regreso enorme con “Surgical Steel”. Los comandados por Jeff Walker y Bill Steer son leyenda viva del espectro más putrefacto del metal, y esos riffs siguen cortando profundo como el mejor bisturí. Como hace 4 años en Flores, la expectativa era enorme.

Unos minutos antes de las 21 se cortó la música que venía amenizando la espera, Walker, Steer, Wilding y Ash tomaron el escenario por asalto. Luego de “365L Grade Surgical Steel”, los muchachos dieron una estocada triple: “Buried Dreams”, “Incarnated Solvent Abuse” y “Carnal Forge”. De la cuna al quirófano, y del quirófano a la tumba a fuerza de riffs dignos de enmarcar. Su excelente presente les da la espalda para combinar clásicos con canciones de su disco más reciente, por eso es que temas como “Unfit For Human Consumption” o “Captive Bolt Pistol” dejaron extasiada a la concurrencia.


Ver a Bill Steer tocar es un espectáculo en sí mismo. El tipo sale con pantalones oxford, una camisa digna de Johnny Winter y con una Les Paul colgada a los hombros. Pero no se engañen por las apariencias, esa muñeca está cargada de veneno y escupe algunas de las melodías más gancheras de su generación. El buen Jeff Walker habrá perdido sus rastas, pero no sus mañas. Imposible contabilizar las púas que tiro, pero para dar una ida, había una persona encargada exclusivamente de reponerlas. Gente que toca música feroz con una sonrisa en la cara, imposible resistirse a la energía que transmiten.

Carcass hace tiempo encontró un hermoso equilibrio entre joyas melódicas como “This Mortal Coil” y bestias de carne y purulencia como “Reek of Putrefaction”. Incluso se dan el gusto de rockear con tracks de Swansong, su disco más - injustamente - vilipendiado. Como no podía ser de otra manera, la pareja escogida para cerrar la noche fue el tándem de “Corporal Jigsore Quandary” y “Heartwork”. En materia de sonido el show tuvo sus altibajos, una constante durante toda la noche. En algún momento los graves se perdieron y las guitarras se empastaron, pero el diagnóstico final es más que positivo. El acero quirúrgico nunca pierde el filo. 

Complicado continuar con el recital después de la lección de violencia brindada por los ingleses, pero Lamb of God tiene las armas para dar un cierre digno a la noche. Minutos después de las 22, el quinteto de Virginia salió al escenario Groove. Randy Blythe, entusiasta como siempre, sería el encargado de mantener la llama encendida durante todo el show. Desde el inicio se notó una gran diferencia en relación al anterior recital de la banda en nuestras tierras: “Laid to Rest” y “Ruin” dieron testimonio de un setlist mucho más cargado de clásicos. Por supuesto que hubo gran presencia de su último disco “VII: Sturm und Drang” con canciones como “512” y “Still Echoes”, las cuales se ganaron un lugar entre los fanáticos de LOG.

Inicialmente las guitarras se sintieron un poco perdidas, pero a medida que el sonido se acomodo, el show fue en crescendo. Randy es el pulmotor del grupo, sumando la energía y el carisma del que John, Mark y Willie carecen. Incluso se tomó un momento para defender la lucha docente previo a tocar “Walk With Me In Hell”, uno de los grandes momentos de la jornada. Como señalé previamente, este show se sintió más enfocado hacia lo amplio del repertorio de Lamb of God, atravesando varios de sus álbums clave, en particular “Ashes of the Wake”. Para concluir eligieron cuatro patadas directo a los dientes que representan grandes momentos en el pasado de la banda: “The Faded Line”, “Set to Fail”, “Blacken the Cursed Sun” y el clásico “Redneck”.



La banda parece haber encontrado una renovada vitalidad luego del periodo turbulento que atravesó su frontman hace unos años. Entre cortes y el escarnio público, todos los altibajos confluyen en VII, el disco más querido por los fans en mucho tiempo. Es un caso similar al de Carcass; si bien el repertorio clásico compone gran parte del espectáculo, el material más reciente supo encontrar su lugar en las presentaciones en vivo.

Los recitales con más de una banda internacional pueden funcionar, pese a los problemas en el sonido, lo ocurrido en Groove fue un ejemplo de ello. Incluso siendo bandas que, más allá de tocar metal extremo, no están directamente relacionadas en cuanto a género e historia. Una noche más de concierto en la ajetreada Buenos Aires, esta vez un día martes para cortar la semana y llevarse a casa buenos recuerdos. ¡Lástima que no pude llevarme también los porrones de cerveza que tiró Jeff Walker! Que vuelvan pronto.

Crónica: Ian Undery
Fotos: Nick Zanotti





 


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