Casablancas y los Strokes se pusieron la diez

Los cinco de Nueva York terminaron de sellar su relación amorosa con Argentina. Cumbia, moshpits y pizza gratis.

Fotos cortesía de DF Producciones / Lollapalooza Argentina

Definámoslo de una vez. Después del show que se mandaron el sábado, tranquilamente podríamos sumar a The Strokes a la lista de bandas que han enamorado, y se enamoraron de Argentina (al igual que Pearl Jam, Los Ramones, los Hosen, Megadeth y tantos otros). Si hay algo que todas las bandas citadas anteriormente tienen en común, es que cuando pisan el país, vienen a fundirse con la ciudad y por sobre todo, con su gente.

Los Strokes pasaron casi 6 días en Buenos Aires, y al igual que en las visitas anteriores, desde que se bajaron del avión hasta que se volvieron a subir, le dedicaron todo el tiempo posible a sus fans, ya sea sacándose fotos y firmándole autógrafos a todos los presentes, o incluso con detalles más notorios, como comprarle pizza a todos los fanáticos que se quedaron esperándolos en el hotel (cortesía de Fabrizio Moretti). Actos como éstos los muestran más humanos y los aleja de esa imagen de ‘estrellitas’ que tantos otros artistas tienen pegada. Bandas como éstas son las que encuentran cierto nexo con algunos países, que los hace sentirse cómodos y agradecidos, y ese agradecimiento se termina reflejando en el show que luego darán. No fue la excepción con los Strokes.

La banda se preparaba para dar el show más grande de su carrera (y posiblemente uno de los mejores) ante 90.000 personas. El reloj marcó las diez de la noche, pero la banda no apareció (algo extraño teniendo en cuenta los rigurosos horarios del Lollapalooza). Ésto, sin embargo le dio tiempo a la gente que estaba viendo a The Weekend a migrar al Mainstage 1. Pasaron 20 minutos y el público se comenzó a impacientar: palmas, cantitos, y más de un vivo gritándole a Julian que salga, haciendo referencia (de un modo cariñoso) a su ‘corpulencia’.

Cuando las luces se apagaron, los gritos de emoción cesaron por un momento al escuchar lo que parecía ser una batucada. "Acaso eso es… cumbia?". El desconcierto volvió a convertirse en éxtasis cuando segundos más tarde todos nos dimos cuenta de que lo que en realidad estábamos oyendo, era una versión ‘cumbianchesca’ de 'Reptilia' (versión bastante famosa en la web, editada por Oscar Coronel, un músico de Santiago del Estero).

Tras esa perla que quedará en el recuerdo de todos, 'The Modern Age' abrió camino, y estalló la fiesta. No importaba si te estabas meando, si tenías dolor de espalda por estar horas en la valla, si te habían pungueado el celular, o si estabas encabronado por hacer 40 minutos de fila para que te den un paty pedorro; en ese momento todos los males desaparecieron ante los poderes sanadores de la música y el pogo.
El show siguió un clásico atrás de otro: 'Soma', 'Drag Queen', 'Someday', '12:51' y 'Reptilia' (ésta vez en su versión tradicional). La gente no paraba de saltar, corear los riff, y armar rondas de pogo. El calor del público era devuelto por parte de la banda, que se mostraba juguetona y de buen humor. Sorprendentemente el sonido estuvo al mango durante todo el show, y la banda sonó impecable. La voz de Casablancas se escuchaba por momentos baja, pero claramente muy superior a lo que oímos de él en la visita del 2014.

Llegado el momento de los bises, la banda volvió al escenario para tocar ‘Heart in a Cage’, ‘80s Comedown Machine’ y ‘Hard to Explain’. Hasta acá teníamosun setlist (casi) idéntico al de Brasil. Ya se habían cumplido los 17 temas y todo parecía haber terminado. Sin embargo, aparecieron una vez más. "Deberían habernos visto en el backstage. Estábamos confundidos. Todo el tema de los bises es raro, para ser honestos. Ustedes lo esperaban o nos deberíamos ir?”, dice Casablancas. A lo lejos, sobre el lado derecho del campo, un grupo de pibes le responde armando una ronda gigante de pogo. La fiesta no se había terminado aún. "Shit... es como un Moshpit de la muerte", agrega Julian antes de entonar 'You Only Live Once'. Los moshpit que aparecieron a lo largo del show terminaron surtiendo efecto en el cantante, quien al final del tema grita: “Ustedes son el mejor público ¡esto es una locura!".

Finalizado el tema, la banda volvió a dejar el escenario, pero las luces no se apagaron. Aun quedaba más? La gente intentó invocar a la banda con el clásico cantito del “Olé, olé”. Julian fue el primero en (re)re-aparecer entre un mar de gritos, agarró el micrófono, y con las siguientes palabras pintó una sonrisa en la cara de todos los presentes: “Nos dijeron que tenemos que parar, pero nos estamos divirtiendo tanto que queremos tocar otra canción”. ‘Take it or Leave It’ fue la encargada de cerrar la noche, nuevamente acompañado por un público que parecía llegar hasta la luna con sus saltos.

Los cinco de Nueva York  desaparecieron del escenario casi sin saludar, aunque siendo honestos, no hacía falta ninguna despedida. Todo fue dicho y todo fue dado, tanto arriba como debajo del escenario. Con esta visita los Strokes terminaron de consolidar este amorío con Argentina, sellado con un show que todos recordaremos por años y años por venir.

Es difícil a veces distinguir la línea entre la demagogia y el cariño verdadero de una artista. Los Simpson (con las palabras de Mick Jagger: “Y no importa dónde estén, siempre digan que es el lugar más increíble de todo el mundo”) nos malacostumbraron a desconfiar de ellos cuando nos dicen palabras de cariño. Queda en cada uno creerles o no. Ellos no tenían la obligación de hacer tres bises y tocar más temás de los que hicieron en Brasil y en Chile. Por esa razón es que nosotros (y estamos seguro que también muchos nos acompañarán en el sentimiento), optamos por tallar el nombre de The Strokes en la lista de bandas que se argentinizaron para siempre.

Durante esos seis días en Buenos Aires, Casablancas y los Strokes se pusieron la diez.


Comentarios

  • Edu Sardi

    Alta notita!