• La locura con la que los fans recibieron a la banda era algo que los Stones no veían desde los '60. No podían creerlo cuando veían a los seguidores argentinos tirarse arriba del auto que los trasladaba o gente haciendo filas durante días.
  • La escenografía de esta gira era algo que no habíamos visto jamás por estas tierras. Además de las impresionantes luces, coronaba el escenario una gigantesca cobra de metal que se movía y arrojaba fuego, generando un calor que se sentía desde la mitad del campo.
  • Durante dos semanas tuvimos a los Rolling Stones en nuestro país, paseando, visitando distintos sitios y, por supuesto, tocando. Los fans siguieron a la banda a cada lugar al que iban, y se armaban grandes grupos de gente con cánticos y banderas en la puerta del hotel, afuerta de un evento, etc.
  • Esperamos muchísimos años para tener en nuestro país a una de las bandas más populares del mundo. "¡Esperamos 30 años para venir! ¡Gracias por esperar!", dijo Jagger, en español, en uno de los shows.
  • Si bien no hubo descontroles mayores durante los cinco shows (solo algún que otro choborra y algún que otro hurto), un joven de 22 años, Fabián Maldonado, fue degollado en la fila para comprar las entradas.

Curiosidades

Seis meses antes, la gente acampó e hizo fila durante dos días para conseguir las entradas.

Desde que llegaron el domingo 5, los días fueron pasando y Jagger se iba fastidiando cada vez más: los fans que esperaban afuera no le permitían salir del hotel. El martes 7 se terminó escapando hecho un bulto y tapado, adentro de un Peugeot 505, y se fue a Recoleta a tomar un té en La Biela. Además visitó la Iglesia del Pilar. Ronnie, más tranquilo, se dedicó a pintar (volvería al año siguiente a exponer esos cuadros). Charlie Watts, por su parte, visitó haras para ver caballos de polo y tanguerías por San Telmo. Keith, pícaro, tentó a los paparazzis tomando sol y champagne, y hasta jugando con una navaja en el balcón de su habitación.

El escenario tenía 70 metros de largo y 28 de alto. En total, era una estructura de más 178 toneladas de aluminio. La pantalla de cuarzo líquido medía 16 x 8 mts. y la cobra de metal tenía unas 1000 luces. Para armar todo se necesitaron unas 5000 horas hombre. El estadio se alquiló a $50.000 por día, y allí se realizaron 11 camarines y se instalaron 17 oficinas.

Para los 12 días en que estuvieron acá, los Rolling reservaron un total de 80 habitaciones de hotel. 180 viajaron en la comitiva, entre músicos, técnicos, familiares, asistentes, guardaespaldas, cocineros y hasta el padre de Keith Richards. Jagger se hospedó en la habitación 1209 del Hyatt.

El Voodoo Lounge Tour recaudó en total 320 millones de dólares durante el año en que estuvo de gira por el mundo. Es todavía hoy una de las giras con más ganancias de la historia de la música. 20 millones vinieron de Argentina.

El periodista Bobby Flores comentó que fue Keith quien convenció a la banda para que vayan a Buenos Aires, después de haberse enamorado del país y del público en su visita solista de 1992. Bobby fue a un show en Brasil, antes de los de Argentina, y allí Mick Jagger le preguntó si Buenos Aires se parecía a Río de Janeiro.

La banda estaba acostumbrada a este tipo de cosas en cada país que visitaba: el martes 7 a la noche hubo una recepción en la embajada británica, y allí, en el jardín, se reunieron unas 120 personas. Estaba, claro, el embajador Sir Peter Hall, quien era también un fan de la banda.

El miércoles dieron una conferencia de prensa en el Hyatt, muy breve. En ella Jagger comentó que por la ventana de La Biela vio que las chicas argentinas eran muy bonitas, a lo que Richards cuestionó "¿y por qué no te las llevaste?". Ni una menos, Keith.

"Tata" Yofre, en ese momento el asesor del presidente Menem, organizó una reunión entre la banda y el mandatario con fines electorales (el riojano buscaba la reelección). El viernes 10 a las siete y cuarto de la tarde llegaron a Olivos, donde Menem los esperaba con comida, champagne y vino de su propia bodega. Después de una amistosa charla, el presi les convidó unos habanos que, según dijo, le había mandado su amigo Fidel Castro desde Cuba.

Ron Wood volvió a la Argentina al año siguiente. Expuso sus pinturas, entre las cuales se encontraban algunas que había hecho durante su estadía en el Hyatt. Lo declararon Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, y cuando volvió a encontrarse con Menem le dijo, que ya no le quedaban más habanos en la caja que le había regalado el año anterior. Pillo.

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