• Fue la tercera visita de la banda al país. Esta vez con Adam Lambert, un cantante que sí estuvo acorde, a diferencia de Paul Rodgers.
  • Revivieron el espíritu de Queen. La gente hizo pogo y la banda estuvo imponente.
  • El recuerdo eterno de Freddie Mercury en las pantallas emocionó a todo el mundo
  • Luego de la visita, Brian May subió una toma desde el escenario de Bohemian Rhapsody que se viralizó por todos los medios del mundo.
  • Fue la última visita de la banda debido a que Brian May se retiró parcialmente de la música por problemas de salud.
  • De un lado de la pasarela, era campo. Del otro, campo VIP. Al acercarse a la pasarela y observar la locura del campo general, Lambert exclamó "you guys are crazy!", dejando de lado al campo VIP que, como de costumbre, arengaba con menos intensidad.

Curiosidades

No es que lo matamos a Paul Rodgers, pero traer a un cantante tan lejando al rock pero con una técnica vocal mucho más acorde a la banda, como la de Adam Lambert, generó expectativas muchísimo más altas en la gente. Fue un show épico de principio a fin en el que sólo se escuchó a Queen. Todos los condimentos de los shows más emblemáticos de la banda estuvieron presentes.

A las 21.30 bajó el telón con la insignia de Queen y comenzó a latir en un largo suspenso. El público quería rock y todo fue ovación cuando sonaron las primeras notas de One Vision. La sombra gigante de uno de los más grandes guitarristas de la historia se proyectó sobre el telón que se esfumó un instante después, cuando comenzó a sentirse la batería de Roger Taylor. La fiesta había empezado.

Primero, Adam Lambert puso la voz. Si bien tiene sus fans, el público estaba ahí por las dos leyendas del rock y él se hizo cargo de eso con maestría. Las primera canciones fueron para atrapar en un puño al público: Another One Bites the Dust, en una versión que lucía su voz llena de matices, Fat Bottomed Girls y In the Lap of the Gods. Entrado en confianza, Lambert hizo de las suyas: se sentó en un sillón violeta de estilo francés para convertirse en una versión moderna de aquella Killer Queen de abrigos de piel que encarnó Freddie Mercury 41 años atrás. Si en algo coinciden estas dos generaciones de artistas que se dio en llamar Queen + Adam Lambert, es en la teatralidad. No va a faltar provocación con estos tres en escena.

"Soy un hombre afortunado", dijo Lambert, en un discurso destinado a terminar con las comparaciones inevitables. El cantante, además, agradeció: "Gracias a Brian y Roger por dejarme cantar sus canciones. Y unas gracias muy especiales a Freddie Mercury", exclamó, para luego enfrentarse al calor tribunero argentino que coreaba Olé, olé, olé, Freddie, Freddie. "Esta noche vamos a celebrar a Freddie juntos", dijo, y llegó "Crazy Little Thing Called Love". Para entonces, Brian May había sacado por fin su Red Special, la guitarra mítica que construyó junto a su padre y que suena como ninguna.

Con "Somebody to Love", Lambert se terminó de meter en el bolsillo a los más escépticos. Paseó su voz por todos los lugares posibles, con una potencia vocal impactante. "Tiene un carisma increíble. Nos lo mandó Dios, porque nosotros no lo buscamos", diría más tarde Brian May. Los puristas sostienen que May podría haber tomado perfectamente el lugar de frontman, de hecho volvió a demostrar que puede conectar con su público al cantar solo "Love of my Life" y la canción dedicada a la Argentina, "Las palabras de amor". Pero el inevitable tono de nostalgia en los recitales de grandes glorias de la música cuya época dorada ya pasó, en este caso se diluye y resignifica con un vocalista joven y el aire actual, moderno y fresco que le imprimió a Queen en esta colaboración. Y no se trató sólo de Lambert: la presencia de Rufus Taylor, hijo de Roger, fue una verdadera revelación de la noche. Tomó la delantera en varios momentos del show, montado en la batería de Roger cuando éste se animó a cantar una versión explosiva de "A Kind of Magic", y luego llevando el ritmo al máximo potencial a dos baterías. Hasta se animaron a un duelo: padre e hijo agitaron sus melenas con poderosas improvisaciones y dieron cátedra del más puro rock and roll.

Otra apelación a los tiempos que corren: la big selfie que sacó May y luego publicó en las redes sociales. "Los argentinos están copados", lanzó al micrófono, así, en español. Le encanta practicarlo en estas tierras.

Una versión apasionada de "Under Pressure" terminó de consagrar a Lambert como la voz, y los éxitos siguieron: "I Want to Break Free", "Who Wants to Live Forever", "Tie Your Mother Down" y hasta hubo tiempo para "Ghost Town", de Lambert, reversionado con increíbles riffs de May. "Don't Stop Me Now" sonó más acompasada y moderna, y puso a bailar a todo GEBA. Siguieron "Radio Gaga","I Want It All" y la esperada "Bohemian Rhapsody", donde apelaron al mismo truco que en la gira con Paul Rodgers: Mercury proyectado en la pantalla gigante para el segmento operístico, terminando en un falso dueto con Lambert. En el bis no hubo sorpresas: May se calzó una camiseta de Argentina y llegaron las canciones del fútbol que no podían faltar "We Will Rock You" y "We Are the Champions".

Al terminar el show, Brian May le dijo a un periodista que lo entrevistaba: "El público argentino es el mejor del mundo". Algo trilladísimo, pero en este caso lo creemos. En los días posteriores al show, Brian May y la página oficial de Queen se cansaron de subir videos del show en GEBA, agradeciendo y mostrándole al mundo cómo vivieron una noche imponente. "Es un sentimiento increíble. Incluso cuando están en silencio escuchando, puedo sentir la conexión. Fue un concierto maravilloso... La Argentina es importante para nosotros. Es histórico. Tenemos amigos acá y sentimos todo ese amor, lo pasamos increíble, ojalá podamos volver".

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